Por Jorbelis Pérez

¡Ay, el amor!
Queremos indagar sobre la mágica, profunda y reveladora experiencia de lo que se siente cuando nos definimos como “estar enamorados” desde una perspectiva química. Comprender nuestros mecanismos biológicos humanos del deseo, el amor y el apego puede conducir a relaciones e intimidades más saludables, más tranquilas, más en paz. No fue solo hasta el 2005 que se estudiaron los mecanismos neuronales asociados al amor, y a día de hoy existen planteamientos muy interesantes. Vamos a verlos:
Primero, la oxitocina, es un neurotransmisor que se segrega por el hipotálamo, y regula respuestas emocionales y conductas prosociales. Está íntimamente relacionada con las conductas de apego, la empatía y la creación de vínculo y relaciones: padre/madre/hijos, amigos y parejas. Cuando nos encontramos con personas y entornos que nos hacen sentir seguros, desbordamos confianza y puede liberarse oxitocina. En estas situaciones se llega a inhibir la activación de la amígdala, la cual naturalmente reacciona ante los estímulos amenazantes, lo que nos lleva a pensar que nuestro cuerpo siempre sabe, aunque nosotras como yogis ya lo sabemos, todo está empieza y acaba en el cuerpo. En el cuerpo está el camino, el cuerpo lleva la cuenta.
Fun fact: Oxitocina debe su nombre a las palabras Oxys y Tokos. Estas palabras significan “parto rápido” puesto que inicialmente solo se conocía su papel regulador en las contracciones uterinas.
Después que encontramos esa persona que nos atrae y nos da confianza, se libera la dopamina, que es la hormona de la recompensa, por eso se siente tan bien, tan rico, estar cerca del objeto de deseo. Mientras más tiempo estemos cerca, más dopamina y oxitocina liberaremos.
Uno de los datos más intrépidos de este cóctel hormonal es que tanto la oxitocina como la dopamina promueven plasticidad, especialmente en áreas de aprendizaje y memoria; lo que se puede traducir en que en las primeras etapas de enamoramiento podríamos memorizar muchos datos de esta persona nueva en nuestras vidas. Mientras sigamos compartiendo con el transcurrir del tiempo, se seguirá generando dopamina como recompensa de estar juntos y oxitocina que nos hará sentirnos relajados en esos brazos, en esa compañía; y nos provoca hacer hasta actividades tediosas como lavar los platos o doblar la ropa juntos.
Otro neurotransmisor involucrado en el amor es la serotonina, cuyos niveles bajan al inicio de la relación, y están relacionados con las conductas compulsivas, hay investigadores que sugieren que esto podría explicar esos ratos de tu día que dedicas a pensar en el nuevo amor, o también revisar sus redes sociales. Sería un poco la locura característica del principio del romance.
Después de toda la novedad, excitación y emoción; viene la aparición de endorfina-β, un opioide natural que se produce en el sistema nervioso central, viene a darnos la mano cuando nos reímos, cantamos o hacemos ejercicio; aunque parece también estar involucrada en relaciones de largo plazo familiares, de amigos o de amor romántico.
Lo que sí podemos saber con plena certeza que es el cerebro es el responsable de esa necesaria, cursi, a veces odiada sensación de decir “i´m in love”
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